Wake Up, Lorena

No sé si en todos sea así, pero puedo decir hoy que puedo recordar aquel instante, al que suelo llamar “un segundo resplandor”, el instante en el que empiezas a formar parte de este mundo.

Y bien, la cosa es así. El momento en el que empecé a formar parte de este mundo tiene de fondo hasta una canción, olor a mar y un suave viento que golpea mi cara. Ese momento tiene además como escenario a la sala de la antigua casa de mi abuela, y ronda la hora de la limpieza matutina a cargo de mis jóvenes tías. Mientras tanto, yo en ese momento miro por la ventana el barranco que da al mar, al horizonte lejano. Miro hacia la calle, miro al horizonte, miro la calle, miro al horizonte, miro, pero ella no vuelve. Meto mi cabeza dentro de la sala nuevamente y saboreo  la sal de la brisa que se me impregnó y no me gusta. Entonces, bajo del sofá y comienzo a andar descalza en puntillas, sintiendo la mayólica fría, sintiendo que se ha olvidado de mí, y pensando que quizás se fue nadando y no caminando y que ya está muy lejos, pensando sin poder entender muy bien en qué momento desapareció, preocupándome por no volver a dormirme nunca más cuando ella vuelva, porque así quizás ya no se vaya. Me voy a la escalera y sigo escuchando esa canción que viene no sé de donde, con mucha pena y me aguanto el llanto, pero después de un rato, parece que la canción y la ventana golpeada por el viento quieren llorar conmigo. Me quedo calladita, tratando de no perder la esperanza, prestando mucha atención por si oigo los pasos maternales. Escucho la flauta, las olas romper a lo lejos, los vidrios temblando y nada más. Soy yo, chiquita, con frío y sólo esa canción acompañándome. Entonces, no lo resisto más, me siento al pie de la escalera, que también está helada, y lloro. Lloro, mirando a la ventana.

Ahora, ya sé por qué la flauta de Stairway to Heaven a veces me pone tan triste.

Luego del llanto, no recuerdo otra cosa más que estar sentada de nuevo sobre el sofá, mejor y más alegre, porque mi abuela está dándome yogurt y porque ya las ventanas ni las olas suenan tan fuerte. Ya sé por qué tomar yogurt me pone feliz. En la tele se oye el programa de Gastón, el cocinero…y porsupuesto ya no se oye la primera canción de mi vida.

 http://www.fileden.com/files/2009/2/4/2306846/Led%20Zeppelin%20-%20Stairway%20To%20Heaven.mp3″

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~ por Alterself en enero 23, 2010.

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