Be Yourself

Empecé mi semana a la mitad, un Miércoles, celebrando un muy extraño onomástico, recalcando lo de extraño puesto que acontecimientos muy inesperados se dieron ese día. Sin embargo, no me quejo de ellos, ahora comprendo el porqué.

El día siguiente, el Jueves, fue un día de marmoteo total, debería avergonzarme, pero buehh, son mis últimos días de vacaciones, se justifican, jiji.

El Viernes, fue un día especial, un día de escape. Como se suele hacer en estas fechas, partimos hacia el sur. Disfrutaron mis ojos de las raras figuras que formaban las nubes, invitándome a dormitar sobre ellas, del cielo brillante y azul como mi nostalgia y a mi derecha, el infinito horizonte que dejaba atrás a todo un océano. Nuestro destino exacto, a nadie le importa, sólo puedo decir que probé ahí una delicia frutada la cual palió mi sed, pues el ambiente era sofocante y un recinto en el cual se encontraba un pequeño manantial (ya ya, llámenlo piscina!) nos invitaba a envolvernos en su frescura. Al retorno, pedía en silenciosa cavilación una respuesta, tan sólo una señal para calmar a la ansiosa cuestión que se había sentado a mi lado. De repente la tranquilidad del viaje fue interrumpida por una inuscitada decisión, la de reencontrarnos con la orilla del mar. Al bajar, alguien advirtió la presencia de un puente, un colorido puente, encargado de unir la tierra con el cielo. Esa era la señal. Una muy buena señal. Corrimos entonces, entusiasmados hacia la orilla. En ella, las olas y su espuma peleaban con la arena por acariciar nuestros pies. Recordamos el horizonte. Lo observamos y le tomamos respeto al verlo devorarse al sol, el cual dejaba en su agonía rastros naranjas, rojos y violetas. Perfecta agonía.

Desperté nuevamente, a la mitad del Sábado, con ganas de hacer algo diferente. Ganas, muchas ganas contenidas. Era el inicio del otoño. Era además el inicio de un nuevo año en la vida de alguien muy querido por mí. Decidí saludarlo, sin embargo, a estas alturas de su existencia, los juegos en los parques y las correteaderas de palomas son más importantes todavía. Por ello, ignoró mi llamado. No obstante, prometí ir a visitarlo. No me quedé estática, hice más llamadas, invitándolos a mi aventura, que en esos momentos estaba reduciéndose, así como lo que quedaba del día, a una simple salida al cine. Nadie pudo. Por un maldito instante, me sentí terrriblemente sola. Por un maldito instante pensé en lo que me dijeron acerca del reinado de Saturno. Pero ese pensamiento no me amilanó. Me hice de tripas corazón y salí sola. Sola. Sola recorrí las avenidas y sola busqué mi propia noche. Sola disfruté de la función y sola retorné a la tibieza de mi cuarto. Sola me eché en mi cama y sola me bañó la luna antes de dormir.

La mañana del Domingo empezó calma, con lentos movimientos. Como si aquellos lentos movimientos hiciesen que el domingo pase menos acelerado al punto de poderlo detener. Ese día lo dediqué a mi pequeño tesoro. Le había hecho la promesa. Fui hasta el confín de la ciudad a buscarlo (sí, soy una exagerada). Me esperaba inquieto y emocionado. Le pregunté que deseaba hacer y me respondió que por esos días había visto un elefante parlanchín conversando solo y  pues que deseaba enterarse de con quién era exactamente que el susodicho mantenía conversación. Entonces, entendiendo su curiosidad, partimos hacia el cine nuevamente. En el trayecto, tuve que soportar el bombardeo de las preguntas más complicadas que un casi adulto con mucho esfuerzo puede responder: las preguntas de un niño. Y no se limitó al clásico: cómo se hacen los bebés?, ese cuestionamiento suyo ya tuvo respuesta hace tanto. Sí, los tiempos cambian. Él prefirió preguntas de corte un poco más existencial tales como: quién creó al hombre?. En primera instancia decidí tomar el camino del facilismo respondiendo: Dios. Pero, al parecer mi respuesta no lo satisfizo y atacó con: y quién creó a Dios?. En ese instante pude persistir con el facilismo, pero no es mi estilo y no podía optar por responderle con el: Dios siempre existió. Por ello resolví por contarle la verdad, mi verdad, aquella en la que Dios es una creación del hombre. No podría ponerme a relatar todo el tema, se haría muy extenso, pero debo confesar que se me hizo algo difícil ponerlo en términos entendibles para él, pero resultó a la vez en una conversación edificante en la cual pude absolver dudas propias y ajenas. Cuando por fin llegamos al cine, cometí la torpeza de subestimar al niño y hacerme cargo de todo, alucinándome Kali, la de los cuatro brazos. El resultado fue desastroso, claro está. La canchita por aquí y por allá, la chicha morada por el suelo y la mirada reprobatoria del chinche de metro y medio que suele hacer preguntas existenciales. Pero en fin, acordamos olvidarlo y disfrutar la película, la cual no comentaré (lo que no quiere decir que haya sido de mi desagrado). Terminada la cinta y muerta de sed, no imaginé que la batalla por el dominio de las respuestas aún no había terminado, esta vez empezó filosofando acerca de la relación entre pensar y existir, sin haber oído antes a Descartes, desarrolló esa conclusión. Estaba asombrándome, lo admito, pero el colmo fue cuando empezó a hablarme sobre la intuición, me dijo que siempre hacía uso de ella, que era como un juego de adivinación para él y que en particular, le gustaba practicar pronosticando la hora. Fue demasiado para mi racionalidad extrema y aceleré la partida. Me dejó extenuada pero muy contenta en el fondo. Mi siembra estaba dando frutos (ya lo saben, no suelo ser modesta, jeje) y era hora de volver a mi casa. Me despedí y le hice una nueva promesa, la de dedicarle una tarde entera a contarle sobre mitología escandinava. Así que me puse los audífonos al oído y partí de vuelta a mi casa, cubierta en melodías, cerrando el domingo satisfecha de haberme encontrado a mí misma, sola o acompañada, satisfecha de haber sido yo misma.

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~ por Alterself en marzo 25, 2008.

2 comentarios to “Be Yourself”

  1. Genial.
    Cuidado rapten los alienígenas a ese pequeño tesoro al que tienes por cosecha.
    Es increíble cuando, sin darnos cuenta, otra persona nos ayuda a tener nuestro reencuentro personal.
    Un abrazo Lore!

  2. Jaaaa, naaa, ni los alienígenas lo querrán. Es tan preguntón, tan chinche, tan muelón, tan hiperactivo, tan, tan, tan….primo digno de Lorena, que no lo soportarían. Jajaja. Sin embargo, lo adoro. Es un pequeño suertudo, es mi primo favorito peee.

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