¿Qué podemos pensar?

Por mi casa hay muchos parques bonitos, casas bonitas, palomas volando, niños corriendo y nanas vestiditas de blanco atrás de ellos, cuidándolos o paseando a las mascotas. Es un lugar tan agradable, saludable, alegre y radiante. Nadie se mete con nadie en todo el sentido de la palabra, es más, nadie te habla. Y si alguna vez saludas a tu vecino, este te mira con cara de desconcierto, pero buehh,  igual te devuelve el saludo, para no desequilibrar la perfección.

Alguna vez salí a caminar y a disfrutar de mi distrito perfecto (muy a lo Wisteria Lane), mientras oía a los pájaros cantar, sintiendo la brisa en mis cabellos. Cuando de pronto, se plantaron frente a mí, a lo lejos, dos grandes ojos negros y acuosos, ensombrecidos, resignados. Me acerqué a estos, que en realidad ocultaban algo más que una ausente mirada. Me sentí rodeada por su mansedumbre y pena. Le estiré la mano y se dejó acariciar. El pelaje que escondía ese espíritu de soledad era muy suave. Se levantó en un gesto de educación (eso creo yo) y pude entonces apreciar el ingente volumen que este poseía. No me amilané. Un San Bernardo no te mueve la cola ni se deja acariciar todos los días.

Era mediodía y el sol estaba en su punto más alto, el suelo quemaba y el pobre San Bernardo ahí, mirándome con cara de urgencia, pues probablemente el extremo calor del piso de cemento en el que vivía le abrasaban las almohadillas de las patas. Por ratos emitía gemidos bajitos y después con desesperación empezaba a andar de un lado a otro, bordeando la reja que lo contenía en aquella casa. Mientras caminaba, noté que tenía en las patas algunas partes de la piel en carne viva, al parecer producto de alguna enfermedad tipo sarna, le faltaba pelo y estaba muy sucio. Luego de notarlo, quise correr a mi casa a lavarme las manos al instante, sin embargo, ese perro con aire de desorientación me sobrecogía. Bajo ese sol inclemente no contaba ni con una taza de agua para refrescarse (imagínate estar bajo 28º con todo ese pelaje encima). Me dio coraje esa situación y le toqué el timbre al dueño de casa. Nadie se asomó, nadie contestó. Sólo me quedó acompañar un rato más a ese peluche enorme, quizás como muestra de solidaridad de mi parte, hasta que este encontró algo de sombra al lado de un muro.

Una semana después volví a pasar por la casa del perrote. Sólo iba de paso. En la reja había una señora conversando con la empleada, en voz alta le reclamaba por el estado del animal y lo inconcebible de que ese trato se le diera al animal (considerando lo bien acomodada que lucía la casa). Quise acercarme, pero el tiempo apremiaba. Me dejó pensando en lo injusto de nuestro comportamiento, incluido el mío, dado que podría haber hecho algo mejor aquel primer día que lo vi. Llamar a alguna sociedad protectora de animales, para denunciar el hecho, porque sé que las hay y que también hay derechos ya para los animales en nuestro país, aunque lo triste de todo esto sea tener que apelar a un documento y no a la inciativa humanitaria de las mismas personas y de los mismos dueños del perro para empezar. Por ello, lo pensé mejor esta vez, tal vez contactando a alguna de estas sociedades y estas a su vez, contactando a las autoridades pertinentes, podríamos poner manos a la obra en lo que respectaba al mantenimiento del pobre.

Lamentablemente, se me ocurrió tarde, muy tarde. La siguiente semana nuevamente pasé por el lugar, pero el enorme can ya no estaba. En el jardín de la casa había una tumba, recién hecha, con una inscripción hecha con piedras pequeñas encima que decía: Te Extrañaremos….Pero lo más irónico de todo este asunto era que la gran tumba improvisada tenía un enorme arreglo floral, de esos para los funerales, al costado. Sinceramente, qué podemos pensar frente a actos de este tipo?. Es decir, no habían podido gastar en una consulta al veterinario, en una casa para perros, en un tazón para agua para el pobre San Bernardo, pero sí se había podido gastar en ese ridículo arreglo floral. Se había esperado hasta el último momento para valorar la compañía de ese animal, nada más y nada menos que obsequiándole un arreglo, que obviamente, ya de nada serviría.

Estas cosas te hacen reflexionar acerca de la educación que tiene alguna gente, que cree que tener a un animal es como tener una cosa y que una vez que deja de ser atractivo o entretenido es confinado al techo o al patio. Aunque no lo crean aún hay gente así, que no entiende que un animal pone toda su confianza en ti, que son como niños, son realmente inocentes y aprenden todo lo que les enseñas y que lo menos que esperan es que te olvides de ellos. Tú eres todo para ellos. Siéntate a observarlos y verás cuan parecido a uno mismo son.

Quizás mucha de esta gente, no toda, que aparenta ser perfecta, amoldando su perfección al lugar en el que vive, carece de educación humanitaria. Creo que sería bueno inculcar o dedicar algo de tiempo a este ámbito, en el hogar o en las escuelas en el que la acumulación de conocimientos no lo es todo.

Después de un tiempo volví a pasar por la misma casa, la tumba ya estaba seca. Miré el resto de casas y noté que en una de las casas vecinas había una extraña ave en el jardín de esta, colocada como adorno central y amarrada de una pata al suelo. Se trataba de un halcón. Un halcón en una urbanización, señores!!! Qué #€%&$ le ocurre a la gente???

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~ por Alterself en febrero 29, 2008.

5 comentarios to “¿Qué podemos pensar?”

  1. la gente es asi.. superficial.. y los animales como son un IT y no un HE or SHE .. los tratan de la misma forma como una RES….

    en fin…

    c´est la vie

  2. Es increíble, ese perro estaba ya moribundo y lo dejaron ahí, botado como un trapo, como tú mismo has dicho, como una cosa.

    Y no, la vida no debería ser así, al menos no la vida que le has destinado a tu mascota.

  3. Habría que ver si la descuidada fué la empleada de la casa o los mismos dueños del can. Pasa que hay gente que carece de educación y cultura para si misma, que no sabe que es lo mejor para si, sería dificil que esta gente pueda preocuparse por la manutención de una mascota.
    Es cierto, hay gente mala, una vez que se aburren de algo lo dejan tirado y no les importa más, se olvidan que hay una vida que depende de su propia vida. Habría que crear conciencia al respecto, puede que tome tiempo, pero hay que empezar ya.
    Un abrazo Lore.

  4. sabes qué loco, si eres quien creo, en mi sitio tengo un cuento que se trata de ti. fue una historia que me contó alguien y yo la volví cuento, no muy bueno, no muy largo, pero así, pues.

  5. Los animales solo tienen su piel, sus cuerpos, y su vida. Y nosotros los humanos muchas veces se lo quitamos por diversion, por descuido, por moda, o por q ya nos dejo de gustar, sabes tienes razon los animales dependen de nosotros pero nuestra necedad y egoismo nos lleva a actuar mal y maltratarlos, espero q esa actitud cambie algun dia, pero espero q tampoco sea tan lejano.

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