Paz
Y es que se me hacía tan necesaria sentirla, que fui en su búsqueda. Llegué a aquella verde montaña, dominé momentáneamente a la lluvia y me proclamé Reina del Fuego (muy dentro de mí, no lo dije en voz alta, porque fácil no me dejaban entrar en la carpa luego). Un arcoiris me regaló su sonrisa invertida y los últimos rayos de sol se reflejaron en la naciente cordillera. Espectacular. El calor de la fogata nos envolvió, en tibieza, en amor, en solidaridad. Al amanecer, los pajaritos nos brindaron un concierto y el astro Rey llegó en búsqueda de su Reina del Fuego (muajaja). Su abrasante insistencia me obligó a refugiarme en brazos del viento. Me abalancé sobre él, luego me extendí en la yerba y dejé que acaricie todo mi ser, con el río susurrando a nuestros oídos. Fue así que me reencontré con ella, con la desbordante Paz. Supongo que eso enojó al Astro Rey, quien presa de los celos, a raíz de mi indiferencia, decidió darme la espalda y empujar a las negras nubes hacia mí, castigándome con su ausencia, enviándome a la lluvia. Lo que no sabe es que lo disfruté, disfruté su acto de venganza y ahora dejaba a la lluvia hacer lo que quisiera, tan suavecita ella, temerosa de caerme mal y tan ansiosa de comulgar con mis extrañas melodías.



A veces alucino que protagonizo uno de los comerciales de perfumes Kenzo XD